Contracultura espacio público comunicación.

Por: Romina Aguirre

Las acciones colectivas en espacios públicos nos permite la construcción de la identidad colectiva a través de la comunicación, si una obra de arte o intervención artística se manifiesta en ese espacio, interactúa con los sujetos desde otras lógicas, desde la irrupción de lo cotidiano, desde el cuestionamiento a nuestras prácticas cotidianas, esas interacciones son nuestra cultura y la misma obra se forma y se construye en esa interacción, los museos abiertos es un gran ejemplo de como esa interacción, además es un fortalecimiento a las comunidades en su desarrollo local, se desarrollan áreas turísticas, visibilizando la contracultura como reflejo de la identidad colectiva local.

Asimismo se reconoce la importancia de concebir el contexto y su manera de vincular a los diferentes actores individuales u organizados desde el inicio de la planificación o bosquejo de los proyectos culturales, evaluarlos con esos estándares y considerar en todos los procesos su aplicación y constante reflexión,  hasta en las formas de gestión y producción, utilizar la comunicación como forma de análisis, observando las prácticas de expresión, rescatando las relaciones que ya existen para fortalecerlas y producir cambios, de manera que los proyectos incidan de manera menos agresiva en su proceso de intervención, sino que generando las posibilidades de construcción.

Estas reflexiones parten por el interés de crear una organización que gestione actividades artísticas pero con el objetivo y perfil principal de vincular a sujetos y organizaciones en sus espacios públicos o reconocer espacios comunitarios como espacios de desarrollo artístico, que el arte sea la herramienta de comunicación y al mismo tiempo genere la posibilidad de acceso a las creaciones de sus artistas locales al reconocimiento y posibilidad de apoyarlos,  es un objetivo personal, desde la construcción de actividades, ser responsables y adquirir el deber de aportar con el desarrollo de nuestras comunidades, ser un mediador no solo entre los objetos culturales y los públicos si no entre los que no se están encontrando. De la visión de los estudios culturales de Rosana Reguillo, no solo rescato el análisis si no que partiendo también desde la acción inicial al iniciar y planificar un proyecto cultural:

“Me inclino por el rigor (que no rigidez) metodológica, por la diversificación de nuestros instrumentos de escucha y de registro, por una capacidad renovada de analizar el signo, el símbolo, la señal”[3]

Crear y fomentar líneas de acción para la relación y colaboración entre organizaciones culturales, muchas veces estas se generan por la sola existencia de una visión común, objetivos, trabajos o espacios de acción similares, pero una vinculación colaborativa para ser robusta primero debe fomentarse, no esperar que suceda por fortuna, aunque muchas veces la casualidad actúe en sus encuentros, es necesario por el beneficio que esta vinculación representa, buscar esas posibilidades y articular acciones para fomentarlas, luego generar líneas de acción concretas para mantener esa vinculación, sacarle el mejor partido, visibilizar esa relación para fomentar otras, y por supuesto reconstruir redes más amplias con identidades colectivas más enriquecidas.

El espacio que proponemos es para gestión de actividades culturales, en espacios públicos o no convencionales (ferias, plazas, cárceles, etc.) que nos permita comunicarnos y  conocernos, relacionándonos como sujetos y construir una identidad común, veo la necesidad de fortalecer nuestras relaciones como ciudadanos, dar valor a conceptos como barrio y comunidad y tengo el convencimiento que esto se puede lograr a través del arte, utilizando estas actividades para vincular a organizaciones, artistas, espacios y desde esta misma gestión colaborar con el fomento del trabajo artístico, a través de la articulación, fomentar la creación de redes y circuitos de trabajo y fortalecer las relaciones entre artistas y otras figuras de organización social y comunitaria y desde la comunicación, fomentar espacios para generar contenido colectivo, fomentar iniciativas para creación de revistas y medios de comunicación locales, reconociendo otros espacios similares y vinculándolos, como radios comunitarias locales, fortaleciendo cualquier actividad o proyecto también desde la colaboración. Todas estas acciones también van en relación a crear conciencia en los ciudadanos de sus posibles roles, demostrando que son protagonistas las transformaciones sociales, pueden ser partícipes y cumplen un rol fundamental para la transformación de sus realidades, darle prioridad a la apropiación de los espacios que han sido perdidos por las lógicas de mercado y en otros casos como los medios de comunicación masiva secuestrados por poderes con argumentos como la objetividad y la seguridad, sin entender que la riqueza y calidad de los contenidos, no está en neutralizar los mensajes sino en entregar ojala la mayor cantidad de miradas, experiencias, liberar los canales de comunicación en función de lo que las comunidades requieren, en el texto sobre estudios culturales Yúdice plantea como las acciones sociales se ven afectadas ante tales escenarios:

“Creo que el nuevo régimen de vigilancia y seguridad amenaza sobremanera a los movimientos sociales y de sociedad civil, neutralizándolos represivamente o absorbiéndolos a la maquinaria de la seguridad, que toma varias formas sociales y culturales. De ahí la importancia de las políticas culturales en este nuevo periodo. La globalización generada por la transnacionalización de las empresas y los flujos financieros ha producido mayor desigualdad que en los veinticinco años después de la segunda guerra mundial.” [4]

Los espacios de comunicación comunitarios, han adquirido un valor social por su trabajo articulando actores en escenarios de emergencias, también en el rol de cubrir temas de interés local, pero hay un aspecto fundamental de estos espacios que pocas veces se pone en valor y es que nos entregan la posibilidad de participar en la construcción de los mensajes sin el filtro de los grandes medios, no por nada desde las artes, los significados cada vez tienen más carácter de expresión comunitaria, con contenidos de críticas sociales, las manifestaciones o intervenciones artísticas contraculturales contienen un interés de transformación profunda, muchas prácticas artísticas colectivas tienen el carácter de comunicar las desigualdades, plantear críticas concretas a las acciones políticas y no solo manifestando sus necesidades si no con propuestas de los cambios que a través de reflexiones colectivas han visibilizado y hay que recuperar esas prácticas.

“La industria cultural ha “colonizado el mundo de la vida” de las clases populares inglesas y desarticulado su carácter orgánico. El cine, la televisión y las revistas de entretenimiento han desarraigado a los obreros de su propia cultura, exponiéndolos a la perversa influencia de la sociedad de consumo.”[5]

Otro aspecto a considerar en la importancia de fortalecer estas articulaciones son las desigualdades que se presentan en la participación y acceso de la cultura: “Los ingresos, la clase social o grupo socioeconómico, el estatus y el tiempo serían factores que afectarían fuertemente a las prácticas culturales.”[6]

El tiempo como factor también es producto de las grandes desigualdades, las extensas jornadas laborales y las precariedades hacen que las prácticas socioculturales pasen a segundo plano ante prioridades de sobrevivencia, por esto veo la necesidad que las prácticas artísticas cumplan un rol que sea representativo de estas críticas, nos haga reflexionar de nuestros contextos de desigualdad, de nuestra crisis comunicativa, que desde estos nuevos lenguajes neutros, individualistas, carentes de subjetividad, nos ubican en un rol productivo y nos aleja de la posibilidad de ver al otro y sentir que nos beneficiamos de esas relaciones, de reconocernos en ese otro y al mismo tiempo construir desde nuestras diferencias.

La experiencia y relación de los seres no se puede registrar y analizar desde un estudio estadístico, parece un trabajo infinito el recopilar todas esas interacciones, incluso tratar de concebirlas ya parece algo sin fin y demasiado especifico en la diversidad de identidades, son múltiples fotografías que posteriormente ya no son un documento válido, pues las múltiples consecuencias de esas interacciones pueden ser variables en el tiempo, entonces ¿Cómo tomar decisiones al respecto?, ¿Cómo evaluar los procesos de construcción de identidad, o de comunidad? ¿Cómo demostrar los resultados de una actividad cultural enfocada a fortalecer una comunidad?

“A veces la clave se esconde en el dato duro (el número, la estadística, la gráfica), pero a veces reside en unas palabras pronunciadas al azar por un “informante” inscrito en lo cotidiano. Pienso que ni un poderoso instrumental estadístico, ni una sofisticada estrategia hermenéutica para analizar lo que la gente dice, son antídotos suficientes para contrarrestar el problema que el analista enfrenta a la hora de producir interpretaciones.” [7]

El valor que tiene el arte como medio de expresión que se revela ante estos análisis, es imposible de cuantificar pero su importancia una vez entendido ese rol, es innegable y desde el trabajo de la gestión en cultura es también imposible hacer vista gorda y no apoyar y fomentar cada día mas iniciativas que vayan por esos caminos, quizás sea un enfoque subjetivo y hasta emocional, pero ante la carencia de lazos que nos permitan construir desde la colaboración y la empatía, desde el bien común, descubrirnos, urge construir desde prácticas que nos involucren y nos permitan reconocernos en nuestras complejidades y diversidades.

[1] Martín-Barbero, Jesús. La comunicación en las transformaciones del campo cultural pp. 60.

[2] Gayo, M., Teitelboim, B. and Méndez, M. (2009). Patrones culturales de uso del tiempo libre en Chile: Una aproximación desde la teoría Bourdieuana. Universum (Talca), pp.46.

[3] Reguillo, Rossana. Los estudios culturales. El mapa incómodo de un relato inconcluso pp. 196.

[4] Yúdice, G. (2003). Los estudios culturales en la encrucijada de la incertidumbre. Revista Iberoamericana, 69(203), pp.456.

[5] Castro-Gómez, Santiago. Althuser, Los estudios culturales y el concepto de ideología pp. 738.

[6] Gayo, M., Teitelboim, B. and Méndez, M. (2009). Patrones culturales de uso del tiempo libre en Chile: Una aproximación desde la teoría Bourdieuana. Universum (Talca), pp.48.

[7] Reguillo, Rossana. Los estudios culturales. El mapa incómodo de un relato inconcluso pp. 196.

Arte como medio de expresión comunitaria.

Por: Romina Aguirre

Un objeto artístico es un dispositivo de comunicación, que hace criticar y cambiar nuestras formas de pensar, nos permite construir identidad colectiva, pues revela un mensaje extraído de nuestro contexto como comunidad, es observado por los públicos desde las diversas identidades individuales, interiorizando el mensaje, siendo evaluado, fomentando el análisis crítico, reflexionando, incidiendo. Cuando existen estos espacios de reflexión colectiva se fortalece una comunidad, sucede la deconstrucción cultural. La principal herramienta de transformación social es la comunicación, el arte un medio de expresión, la organización de los ciudadanos el proceso fundamental para generar los espacios de encuentro, de reflexión, entendiendo que la cultura es una construcción que varía día a día.

El rol de las organizaciones artístico culturales, no es generar actividades solo por el espectáculo, pongo énfasis en la figura organizacional que planifica el proyecto, entendiendo que el contexto nacional tiene diversas instituciones que trabajan la cultura desde diferentes ámbitos como la de industrias culturales, que trabajan con los objetos culturales basándose en la lógica de oferta y demanda, no me refiero a estas en este caso, hablo de instituciones públicas y organizaciones sociales que utilizan el arte como medio de expresión y donde los ciudadanos tienen mayor oportunidad de participar y construir.

El fomento y difusión de las prácticas artísticas, la creación y visibilidad de los objetos culturales es necesario, y plantearlo como objetivo general de un proyecto no es errado, pues hasta se plantea como objetivo en políticas publicas culturales en Chile y en la mayoría de los países, pero en función de la mercantilización de los productos culturales y el tratamiento y perfil de los temas sociales de los medios de comunicación masiva y desde la construcción colectiva debería ser objetivo principal de las organizaciones y/o instituciones culturales, hasta por estrategia de difusión y acceso para los objetos culturales, fortalecer a sus comunidades a través de sus prácticas artísticas, exhibir y compartir sus mensajes a través de los objetos artísticos, utilizándolos como medios de expresión, y sus actividades y/o espectáculos, ser espacios de encuentro y reflexión de las comunidades, es una forma de contrarrestar esta especie de crisis comunicativa, donde los medios cada día nos dan la impresión que trabajan por mostrar un solo aspecto y representan cada vez a menos.

“Pues desde ahí que los medios han entrado a constituir lo público, esto es, a mediar en producción del nuevo imaginario, que en algún modo integra la desgarrada experiencia urbana de los ciudadanos, ya sea sustituyendo la teatralidad callejera por la espectacularización televisiva de los rituales de la política, o desmaterializando la cultura y descargándola de su sentido histórico mediante tecnologías que como los video juegos o el videoclip, proponen la discontinuidad como habito perceptivo dominante.” [1]

Incluso así, el alcance de los objetos artísticos seria satisfecha, generando una relación del sujeto con las prácticas artísticas, adoptándolas como propios medios de expresión, acercando a los públicos, estableciendo su lugar no como un mero espectador, fomentando una visita de observación a una vitrina, el arte nos permite reconocernos, muchas de las políticas culturales están creadas para generar acceso a… pero es importante generar un interés en la participación, en la acción concreta, para construir esa cultura no solo acceder a ella según nos la presentan, ser sujetos activos del desarrollo cultural de nuestra comunidad y/o país.

“Las prácticas culturales no serían el producto de actividades individuales, autónomamente generadas, sino el resultado y la concreción de luchas simbólicas que están teniendo lugar en la sociedad de referencia.”[2]

Existen discusiones sobre los niveles de instrucción de las audiencias, al momento de enfrentarse a manifestaciones artísticas, el nivel de apropiación que tienen, según esa ilustración que deberían tener, otras posturas (la que más me representa) plantean que no existen niveles de espectador según el conocimiento, si no la disposición y entrega ante la experiencia artística, combinado con algunos recursos para codificar y espacios para discutir estas experiencias, pueden generar mayor comprensión, apropiación, opinión crítica y así transformaciones de las prácticas sociales colectivas, sugerir construcciones de discursos, generar redes y articulaciones infinitas, más allá del conocimiento, la educación artística debería centrarse en la entrega de herramientas para codificar estos mensajes, entregados a través del arte, para poder ser libres en la experiencia. No existen niveles intelectuales de sujetos, solo se necesita la posibilidad de compartir y reflexionar nuestras experiencias en la diversidad de nuestras identidades.

Enfoque sobre el rol del trabajo sociocultural.

Antes de llamarse artista, un sujeto dedicado a la creación artística comienza con una curiosidad a través de sus habilidades, cuando llega a comprender la capacidad de comunicación que tienen sus creaciones y adopta una responsabilidad con el mensaje, es cuando aparece el artista. Esta idea, totalmente discutible, aparece cuando comienzo el trabajo en gestión de cultura, previo a esto, mi trabajo se había desarrollado desde el área técnica siempre con la necesidad de perfeccionar las formas del trabajo artístico (compositivas, tecnológicas, etc.) cuando veo al arte como un medio de comunicación, cambia el perfil de todo mi trabajo.

Todos los proyectos culturales contemplan un área de comunicación, pero muchas veces ligado al concepto de difusión, o con el objetivo de brindar mayor acceso a los públicos, es un proceso posterior a la de elaboración de ideas y líneas de acción, porque se contempla como un proceso de producción, en otro aspecto, el objetivo de un proyecto cultural, no solo debería ser la visibilidad de obras o la circulación de estas, ni aunque necesario, solo democratizar generando acceso a la cultura, hay un trasfondo mucho más importante que es el revelar significados, dar la oportunidad de destruirlos y volver a construir nuestra identidad como sujetos críticos y como comunidad.

Espacio público como espacio de encuentro para la articulación sociocultural

En la vorágine del individualismo, nos olvidamos del arte como medio de expresión y reflejo de las comunidades, y así perdimos los espacios que nos permitían la relación y el encuentro.

En función de crear ciudades eficientes los espacios públicos cada día son menos amigables y esta desconexión de los ciudadanos, no nos permitió verlo hasta que fue muy tarde, hoy se hace necesario comenzar desde cero, volver a discutir, hacer la catarsis, evaluar que no nos agrada de nuestras ciudades, apropiarnos nuevamente de los conceptos que ambiguamente repetimos constantemente espacio público, colaboración, comunidad, que a muchos les parecen académicos y lejanos, luego olvidar las manifestaciones artísticas como meros productos, pues son mucho más que eso.

El espacio público es el lugar que nos puede garantizar la igualdad, y el arte, la expresión libre, desde ahí, el artista no es solo un expositor de su trabajo, sino adquiere una responsabilidad del rescate de la cultura, el reconocimiento y valorización de las costumbres que observe, el gestor adquiere otros, no quedarse en la producción de un evento, en la exposición, sino explorar más la acción mediadora, generar espacios de discusión, de encuentro, recoger más que el dato de audiencia, reconocer las acciones locales, promover no solo las actividades disponibles en las parrillas culturales, hacer de las manifestaciones artísticas una forma de vida en su expresión incluyéndolas en el cotidiano y ser colaboradores reales en el rescate de estos infinitos espacios ocultos en cada esquina.

Romina Aguirre Villarroel